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El Último Hombre a Caballo

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Esta es la historia del general portugueseño Pedro Pérez Delgado El que llamaban "Mai Santa", el último hombre a caballo ¡Ay, señores, según corrió de Pedro Pérez Delgado El que llamaban "Mai Santa", el último hombre a caballo Natural de Portuguesa, tres cosas se complicaron Sangre del indio y del blanco, producidas en el llano Nació en el pueblo de Ospino como una explosión de rayo Para vivir en el mismo, hasta la edad de seis años Después en Barquisimeto, donde sus padres lo enviaron Pudo estudiar un poquito, y cursar el tercer año Habiendo muerto su padre, apenas tenía doce años Se trastornó la familia, no pudo seguir estudiando Hombre activo y malicioso, siempre andaba preparado A pesar de su niñez, era como iluminado Con su hermana y con su madre, vivían bajo el desamparo Claro que faltaba el viejo, las cosas habían cambiado Vivían bajo su pobreza, pero siempre como honrado Pero en la muerte de Cristo, no debe faltar el diablo El prefecto del pueblito, mujeriego enamorado Embarazó la muchacha de aquel hogar enlutado Envuelta en crisis de nervios, cayó la madre llorando Con lágrimas de dolor, de ver lo que había pasado Y le dijo a la muchacha: "Voy a contarle a tu hermano Es el hombre de la casa, tendrá que hacerse reclamo Porque tu padre fue un hombre que ese nunca fue vejado Se valen de la ocasión, porque mi hijo está mediano" Cuando llegó de la calle, madre e hijo se encerraron Y le contó lo ocurrido para que fuera pensando Ya la viuda pesarosa le tenía bien preparado Un rifle y cincuenta tiros que había dejado el finado ¡Ay, en una noche de luna, se venía el penco paseando Quizás con las intenciones de seguir haciendo lo malo Pero al cruzar de una esquina, se oyó sonar un disparo Y cayó el cuerpo sin vida del mujeriego del barrio Ya la madre le tenía un crucecito planchado Y la Virgen del Socorro dentro de un escapulario Para que clamara a ella en su momento forzado Cuando estuviera en peligro o en cualquier parte peleando Salió con rumbo a Valencia, temiendo ser apresado "Mai Santa" dijo al salir, besando el escapulario Hizo su estadía en Valencia, sin ser nunca sospechado Y con la serenidad, él nunca dio a demostrarlo Quizás buscando otro ambiente, quiso venir regresando Se devolvió al Tinaquillo y vivía siendo mandado Por cierto, el último quiso fue comprar unos cigarros Que se fumó el "Mocho" Hernández, una vez que estaba hablando En el mismo Tinaquillo, junto con otros aliados Los regaló a Alfredo Franco, no fue preciso comprarlos Otro hombre de envergadura y bien revolucionario Esa noche el "Mocho" Hernández, dejó el pueblo conquistado Y Pedro Pérez también quedó muy adelantado Claro que era un jovencito, pero ya estaba probado En los campos de batalla, dejó su valor regado En la mata carmelera, cuando a Crespo lo mataron También peleó en Periquera, al la'o del "Mocho" Payara Chopito y Ciudad de Nutrias, en Elorza y San Fernando Teniendo como objetivo el derrocar al tirano Hasta caer prisionero por lo que él había luchado Hombre de ideales puros, llanero rebelde alzado Era un guerrero idealista que vio su sueño frustrado Y terminó en el rigor del régimen carcelario Llevando pesa, dos niños y muy lejos de los llanos Mai Santa murió en el Castillo Libertador de Puerto Cabello Una tarde del mes de mayo de 1929