El País De La Geometría/Marcha De La Geometría/La Flor Redonda
Maria Elena Walsh
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Había una vez un amplio país blanco de papel. El rey de este
País era el compás. ¿Por qué no? El compás. Aquí viene
Caminando con sus dos patitas flacas: una pincha y la otra no
Jo, jo, jo, jo, jo
Una pincha y la otra no
El rey compás vivía en un gran palacio de cartulina en forma
De icosaedro con dieciocho ventanitas. Cualquiera de nosotros
Estaría contento en un palacio así, pero el rey compás no
Estaba siempre triste y preocupado porque, para ser feliz y
Rey completo, le faltaba encontrar a la famosa flor redonda
Jo, jo, jo, jo, jo
Sin la flor redonda no
El rey tenía un poderoso ejército de rombos, una guardia de
Vistosos triángulos, un escuadrón policial de forzudos
Trapecios, un sindicato de elegantes líneas rectas, pero le
Faltaba lo principal: ser dueño de la famosa flor redonda
El rey había plantado dos verticales paralelas en el patio, que
Le servían de atalaya. Las paralelas crecían, crecían, crecían
Muchas veces el rey trepaba a ellas para otear el horizonte y
Ver si alguien le traía la flor, pero no. Había mandado cientos
De expediciones en su búsqueda y nadie había podido encontrarla
Un día el capitán de los rombos le preguntó
- ¿Y para qué sirve esa flor, señor rey?
- ¡Tonto, retonto! -tronó el rey-. ¡Solamente los
Tontos retontos preguntan para qué sirve una flor!
El capitán rombo, con miedo de que el rey lo pinchara
Salió despacito y de perfil por el marco de la puerta
Otro día el comandante de los triángulos le preguntó
- Hemos recorrido todos los ángulos de la comarca
Sin encontrarla, señor rey. Casi creemos que no
Existe. ¿Puedo preguntarle para qué sirve esa flor?
- ¡Tonto, retonto! -tronó el rey-. ¡Solamente los
Tontos retontos preguntan para qué sirve una flor!
El comandante de los triángulos, temeroso de que
El rey lo pinchara, salió despacito y de perfil
Por una de las dieciocho ventanas de palacio
Otra tarde, la secretaria del sindicato de líneas rectas
Se presentó ante el rey y tuvo la imprudencia de decirle
- ¿No le gustaría conseguir otra cosa más útil, señor rey?
Porque, al fin y al cabo, ¿para qué sirve una flor?
- ¡Tonta, retonta! -tronó el rey-. ¡Solamente las
Tontas retontas preguntan para qué sirve una flor!
La pobre señorita línea, temerosa de que el rey la
Pinchara, se escurrió por un agujerito del piso
Poco después llegaron los trapecios, maltrechos
Y melancólicos después de una larga expedición
- ¿Y? ¿Encontraron a la flor redonda? -les preguntó el rey impaciente
- Ni rastro, majestad
- ¿Y qué diablos encontraron?
- Cubitos de hielo, tres dados, una regla y una cajita
- ¡Harto! ¡Estoy harto de ángulos y rectas
Y puntos! ¡Sois todos unos cuadrados!
Este insulto ofendió mucho a los trapecios
- ¡Estoy harto y amargado! ¡Quiero encontrar a la famosa flor redonda!
Y todos tuvieron que corear la canción
Que ya era el himno de la comarca
Sin la flor redonda no
Jo, jo, jo, jo, jo
Los súbditos del rey, para distraerlo, decidieron organizar un partido
De fútbol. Las tribunas estaban llenas de puntos alborotados. Los
Rombos desafiaban a los triángulos. En fin, ganaron los
Triángulos por uno a cero, mérito singular si se tiene en
Cuenta que la pelota era un cubo. El capitán de los rombos
Fue a llorar su derrota en un rincón. El comandante de
Los triángulos, cansado y victorioso, se acercó al rey
- ¿Y? ¿Le gustó el partido, majestad?
- ¡Bah, bah! -dijo el rey distraído, siempre con su idea fija-
No perdamos tiempo con partidos. Mañana salimos todos de expedición
- ¿Mañana? Pero estamos muy cansados, señor rey. El partido duró siete
Horas. Usted no sabe cómo cansa jugar con una pelota en forma de cubo
- ¡Tonto, retonto! ¡Mañana partimos!
A la mañana tempranito, el Rey pasó revista a sus tropas
Había decidido salir él mismo a la cabeza de la expedición
Rombos, cuadrados, triángulos, trapecios y líneas rectas
Formaban fila, muertos de sueño y escoltados por unos cuantos
Puntos enrolados como voluntarios. Allá se van todos, en
Busca de la famosa, misteriosa y caprichosa flor redonda
La expedición del Rey Compás atravesó páginas y cuadernos desolados
Ríos de tinta china, espesas selvas de viruta de lápiz, cordilleras
De goma de borrar, buscando, siempre buscando la dichosa flor
Registraron todos los ángulos, todos los rincones, todos los
Vericuetos, bajo el viento, la lluvia, el granizo y la resolana
"Me doy por vencido", dijo por fin el Rey, "quizás ustedes
Tenían razón y la dichosa flor redonda no exista. Quizás
No eran tan retontos como yo pensaba. Volvamos a casita."
Cuando volvieron, el Rey se encerró en su cuarto, espantosamente
Triste y amargado. Al rato entró la Señora Línea a llevarle
La sopita de tiza y se preocupó mucho al verlo tan triste
"Señor Rey", le dijo para consolarlo, "¿no sabe usted
Que siempre es mejor cantar y bailar que amargarse?"
Cuando la Señora Línea se hubo deslizado por debajo de la puerta
El Rey, que no era sordo a los consejos, dijo: "Y bueno, probemos."
La, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la
Y cantó y bailó un poquito. Bailando, bailando, bailando
Descubrió sorprendido que había dibujado una hermosa flor redonda
Sobre el piso de su cuarto. Y siguió bailando, hasta dibujar flores
Y más flores redondas, que pronto se convirtieron en un jardín
Jo, jo, jo, jo, jo
Y la flor la dibujó
Jo, jo, jo, jo, jo
Y la flor la dibujó
Jo, jo, jo, jo, jo
Y la flor la dibujó